Nos levantamos también algo tarde y desayunamos en una cafetería de enfrente del hotel que se llama "Fratelli degli inocenti". Estaba muy bien surtido y tomamos dos capuccinos, un croissant, un crostini con tomate y macedonia.
Era lunes y los lunes cierran muchos museos y monumentos, así que había muchos sitios donde no podíamos ir. Empezamos por visitar por dentro el Mercado de San Lorenzo y nos gusto bastante, tenían muchísima variedad de productos y muy bien presentados.
Despúes fuimos a la Capillla de los Medicci, que pertenece a la iglesia de San Lorenzo y abría precisamente ese lunes. Es el mausoleo donde están enterrados muchos de los Medicci y es impresionante. La mayoría de las obras son de Miguel Angel. No nos lo esperabamos tan grandioso. Lastima que no se podía hacer fotos.
Hicimos alguna compra en el mercadillo y aprovechando que teníamos que pasar por el hotel, las dejamos en él
De allí fuimos a Santa María Novella. Es una iglesia enorme y además la disposición de sus columnas hace que parezca aún más grandiosa. Tiene una capilla que se llama de los Españoles y para verla hay que pagar otra entrada a parte. Casi nadie entra y es verdaderamente bonita. Aunque no se podía hacer fotos, aprovechando que estábamos sólos hicimos alguna a los frescos de las paredes y el techo, pero que conste que fue sin flash.
Bajamos paseando desde allí. Cada vez tardábamos menos en llegar al centro. Nos tomamos una cerveza en una birreria llamada "5 taboli", porque sólo tenía cinco mesas y seguimos callejeando alrededor de Tornabuoni. Como era mediodia aprovechamos para ver una exposición de Cezanne que se llamaba Cezanne a Firenze en el Palazzo Strozzi. Nos costo la entrada 10€ y la verdad es que nos defraudó un poco porque habían pocos cuadros de el pintor, menos de lo que nos esperábamos por el bombo que le daban.
Al salir comimos en un restaurante llamado Le Carroze, del que teníamos buenas referencias y por fin acertamos: comimos una ensalada Santa Trinita, Félix spaguetti a l'arrrabiata y yo linguini en cartucho de fruti di mare. Todo exquisito.
Después volvimos a pasar por el Puente Vecchio porque no lo habíamos visto con todas las tiendas abiertas y de ahí nos fuimos al Palazzo Pitti. Se me ha olvidado contar que dio la casualidad que durante esa semana era una especie de semana de los museos y en muchos de ellos era gratuita la entrada. En concreto no pagamos nada en l'Academia y tampoco en el Palazzo Pitti, ni en los Jardines Boboli. En el Pitti hay varias exposiciones, pero al ser lunes muchas extaban cerradas. Entramos en la Galleria del Costume, donde hay una selección de trajes de todas las épocas. Luego salimos a los jardines Boboli, pero el cansancio empezó a aparecer, y cuando vimos que no nos podíamos tumbar en el cesped, decidimos volver al hotel...y es que cuando estamos cansados ya no apreciamos ni lo que vemos, así que lo mejor es una retirada a tiempo. Aún así, vimos el anfiteatro y la Gruta Grande, un capricho muy recargado, pero precioso.
Para nuestra última cena en Florencia no queríamos meter la pata y recurrimos a las referencias de los comentarios que habíamos sacado de internet, teniendo en cuenta que queríamos algo cercano para no andar más de la cuenta. Teníamos una restaurante al lado del hotel, que se llamaba Nerone, y nos pareció que estaba muy bien, pero pasamos muy pronto, sobre las 20:30 y preferimos buscar alguno más céntrico dejándo ese de reserva por si no nos gustaba otro.
Nuestra segunda opción era el Ciro & Sons, que está al lado de la Capilla Medicci en un edificio del Renacimiento tardío donde vivió la familia del Papa Clemente VIII. Tiene una terraza fuera muy coqueta que huele a jazmín italiano, y dentro es un salón renacentista con detalles modernos, como televisores de plasma, lucecitas, etc. Comimos muy bien, solomillo de ternera a la trufa, otro a la pimienta y embutido de la toscana con verdura a la plancha. Pedimos tambíen vino Chianti Classico y es realmente excelente. Lo único que no nos gustó tanto fue que el salón es grande y estaba medio vacio y nos sentaron junto a una mesa llena de la que no nos separaban más de 10 cm, menos mal que estaban con los postres y se marcharon enseguida. Pero en conjunto muy bueno. Además hay tomamos nuestros únicos limonccelos
Por último paseamos por la zona de San Lorenzo y descubrimos que en esa zona hay un montón de restaurantes que tienen muy buena pinta, y no son trampas para guiris. Félix tomo su último helado Florentino en la plaza del Mercado de San Lorenzo, de algo parecido a leche preparada y café, que estaba delicioso y además más barato que en otras zonas. Después fuimos al centro a hacer las últimas fotos nocturnas y pasamos por el Duomo, el Ponte Vecchio, y la plaza de la Signoria...precioso recuerdo, y de ahí a la cama, que al día siguiente saliamos hacia plena Toscana.
Era lunes y los lunes cierran muchos museos y monumentos, así que había muchos sitios donde no podíamos ir. Empezamos por visitar por dentro el Mercado de San Lorenzo y nos gusto bastante, tenían muchísima variedad de productos y muy bien presentados.
Despúes fuimos a la Capillla de los Medicci, que pertenece a la iglesia de San Lorenzo y abría precisamente ese lunes. Es el mausoleo donde están enterrados muchos de los Medicci y es impresionante. La mayoría de las obras son de Miguel Angel. No nos lo esperabamos tan grandioso. Lastima que no se podía hacer fotos.
Hicimos alguna compra en el mercadillo y aprovechando que teníamos que pasar por el hotel, las dejamos en él
De allí fuimos a Santa María Novella. Es una iglesia enorme y además la disposición de sus columnas hace que parezca aún más grandiosa. Tiene una capilla que se llama de los Españoles y para verla hay que pagar otra entrada a parte. Casi nadie entra y es verdaderamente bonita. Aunque no se podía hacer fotos, aprovechando que estábamos sólos hicimos alguna a los frescos de las paredes y el techo, pero que conste que fue sin flash.
Bajamos paseando desde allí. Cada vez tardábamos menos en llegar al centro. Nos tomamos una cerveza en una birreria llamada "5 taboli", porque sólo tenía cinco mesas y seguimos callejeando alrededor de Tornabuoni. Como era mediodia aprovechamos para ver una exposición de Cezanne que se llamaba Cezanne a Firenze en el Palazzo Strozzi. Nos costo la entrada 10€ y la verdad es que nos defraudó un poco porque habían pocos cuadros de el pintor, menos de lo que nos esperábamos por el bombo que le daban.
Al salir comimos en un restaurante llamado Le Carroze, del que teníamos buenas referencias y por fin acertamos: comimos una ensalada Santa Trinita, Félix spaguetti a l'arrrabiata y yo linguini en cartucho de fruti di mare. Todo exquisito.
Después volvimos a pasar por el Puente Vecchio porque no lo habíamos visto con todas las tiendas abiertas y de ahí nos fuimos al Palazzo Pitti. Se me ha olvidado contar que dio la casualidad que durante esa semana era una especie de semana de los museos y en muchos de ellos era gratuita la entrada. En concreto no pagamos nada en l'Academia y tampoco en el Palazzo Pitti, ni en los Jardines Boboli. En el Pitti hay varias exposiciones, pero al ser lunes muchas extaban cerradas. Entramos en la Galleria del Costume, donde hay una selección de trajes de todas las épocas. Luego salimos a los jardines Boboli, pero el cansancio empezó a aparecer, y cuando vimos que no nos podíamos tumbar en el cesped, decidimos volver al hotel...y es que cuando estamos cansados ya no apreciamos ni lo que vemos, así que lo mejor es una retirada a tiempo. Aún así, vimos el anfiteatro y la Gruta Grande, un capricho muy recargado, pero precioso.
Para nuestra última cena en Florencia no queríamos meter la pata y recurrimos a las referencias de los comentarios que habíamos sacado de internet, teniendo en cuenta que queríamos algo cercano para no andar más de la cuenta. Teníamos una restaurante al lado del hotel, que se llamaba Nerone, y nos pareció que estaba muy bien, pero pasamos muy pronto, sobre las 20:30 y preferimos buscar alguno más céntrico dejándo ese de reserva por si no nos gustaba otro.
Nuestra segunda opción era el Ciro & Sons, que está al lado de la Capilla Medicci en un edificio del Renacimiento tardío donde vivió la familia del Papa Clemente VIII. Tiene una terraza fuera muy coqueta que huele a jazmín italiano, y dentro es un salón renacentista con detalles modernos, como televisores de plasma, lucecitas, etc. Comimos muy bien, solomillo de ternera a la trufa, otro a la pimienta y embutido de la toscana con verdura a la plancha. Pedimos tambíen vino Chianti Classico y es realmente excelente. Lo único que no nos gustó tanto fue que el salón es grande y estaba medio vacio y nos sentaron junto a una mesa llena de la que no nos separaban más de 10 cm, menos mal que estaban con los postres y se marcharon enseguida. Pero en conjunto muy bueno. Además hay tomamos nuestros únicos limonccelos
Por último paseamos por la zona de San Lorenzo y descubrimos que en esa zona hay un montón de restaurantes que tienen muy buena pinta, y no son trampas para guiris. Félix tomo su último helado Florentino en la plaza del Mercado de San Lorenzo, de algo parecido a leche preparada y café, que estaba delicioso y además más barato que en otras zonas. Después fuimos al centro a hacer las últimas fotos nocturnas y pasamos por el Duomo, el Ponte Vecchio, y la plaza de la Signoria...precioso recuerdo, y de ahí a la cama, que al día siguiente saliamos hacia plena Toscana.