Nos levantamos un poco más temprano de lo habitual, porque hoy dejábamos el hotel y teníamos que ir a recoger el coche de alquiler con el que recorreriamos un poco de la Toscana, pero ni aún así llegamos al desayuno del hotel. Desayunamos enfrente otra vez en el Fratelli degli innocenti dos cappucinnos, un envoltini de chocolate y pera y un mini bocadillo de jamón serrano.
Bajamos andando a recoger el coche. Estaba bastante cerca y llegamos en seguida. Habíamos reservado el coche desde la página de Autoeurope y nos costo muy barato, unos 90€ no llegaba los tres días. El coche lo recogimos en las oficinas de Europcar, en la calle Borgo Ognisanti, después de hacer un poco de cola, y nos dieron un Fiat Punto casi nuevo, porque sólo tenía 200 km. Nos indicaron cómo salir de Florencia y coger la autopista hacia Roma y nos pusimos en marcha.
Las carreteras no son lo mejor de Italia, ni tampoco su señalización. Durante un rato estuvimos siguiendo las indicaciones del Hotel al que íbamos, y llegamos bien, pero al final indicaba "en los alrededores del Lago San Cipriano" y ahí nos perdimos. Primero decía que estaba en término municipal de Cavriglia, pero en el pueblo no estaba. Cerca del Lago lo único que se veía era una horrorosa central térmica echando humo todo el rato. Y así estuvimos, subiendo y bajando a diferentes pueblos y preguntando a la poquísima gente que encontrábamos por la calle...todos nos decían que había un cartel, efectivamente, pero estaba borrado. Al final encontramos el sitio, bastante cansados y hartos.
El Hotel se llama "Hotel del Lago", y como su nombre indica está en pleno lago. No se ve nada de la central térmica, pero es un rollo porque sabíamos que estaba a escasos metros de allí. Las habitaciones eran grandes y muy sencillas y el baño era el horror que esperábamos haber sufrido en Florencia y que al final padecimos en la Toscana; la ducha era un sumidero en el suelo con una cortina de plástico y cuando te duchabas se inundaba todo. También era un hotel muy ruidoso, se escuchaba todo y no había quien durmiera de las 6:00 de la mañana en adelante. Además estaba muy mal comunicado, porque aunque estaba cerca de todo, la carretera era de montaña y no muy buena, tardábamos un montón en llegar a los sitios. Yo recomendaría coger el hotel en Siena, tiene mejores comunicaciones. Nosotros perdimos muchísimo tiempo en la carretera. Lo único aceptable del hotel eran las vistas y un desayuno digamos que pasable.
Dejamos las maletas y salimos zumbando a San Gimingiano con la idea de comer allí, pero pronto nos dimos cuenta que por aquellas carreteras de montaña no íbamos a llegar a tiempo. Estábamos atravesando la zona de Chianti, y vimos un castillo y una Abadía donde comer, así que decidimos parar.
El restaurante se llamaba Badia a Cultibuono y comimos Bistecca a la Florentina por fin (un kg de chuleta de ternera tiernísima), con ensalada y dos expressos. También tomamos vino de Chianti. Riquísimo. Hicimos unas fotos de la campiña y de la Abadía y de nuevo al coche.
Por el camino paramos varias veces a hacer fotos. los paisajes son de cuento, campos de amapolas, casitas aisladas con cipreses...precioso.
Por fin llegamos a San Gimigiano casi a las 18:00 y hacia bastante frío, ¡y yo de tirantes!. Es uno de los pueblos más bonitos de la toscana, todo medieval. Dejamos el coche al lado de un parking porque no se puede meter el coche en el pueblo y empezamos a explorar. Tiene muchas torres altísimas, le llaman el Nueva York medieval. Entramos en el Palacio Comunale donde había una exposición de arte medieval y subimos a su torre que es de vértigo, sobre todo porque las escaleras son de rejilla, pero arriba las vistas son espectaculares. Luego nos dedicamos a pasear por el pueblo, no sin antes comprarme una pashmina, el doble de cara que en Florencia (no aguantaba el frío).

Pasamos por la plaza del Duomo y la de la Cisterna. Allí nos tomamos un helado en la Heladería más famosa de Italia, que tiene premiso como la mejor del mundo, etc. Félix tomó un helado de mandarina y canela, y yo me di el capricho de uno de chocolate a la naranja y avellana.
Seguímos callejeando y haciendo fotos, y también entramos en alguna galleria de arte, pero sobre las 19:30 cerraron todo y ya no sabíamos donde ir, y estar ahí hasta la hora de cenar era un rollo, así que pensamos en ir a Arezzo a cenar. En mala hora.
En principio parecía fácil llegar a Arezzo porque en el mapa aparecía que casi todo el camino era autovia, pero el trayecto se hizo larguísimo. sobre las 21:15 todavía estabamos por Siena y sugerí cenar allí, pero Félix estaba empeñado en llegar a Arezzo. La autovia aparecía y desaparecía, y al final sobre las 22:20 llegamos a Arezzo. No había ni un alma por la calle y restaurantes para cenar menos. La gente se acuesta muy pronto en esa zona. Total que allí estabamos cansados, mosqueados, hambrientos y no teníamos nada que ver. Fuimos a la Plaza del Duomo pensando que al ser más turístico habría algo, pero no encontramos nada. Hice una foto y Félix medio se mosqueo porque yo estaba muy pesadita con cenar. Total, que entramos en un bar que se llamaba cafetería Monaco donde sólo había dos abuelos y una borracha, como aquí a las 4:00 de la mañana y nos tomamos dos expressos, fuimos al aseo, y otra vez para el dichoso lago de las narices.
Tardamos un montón en llegar y de nuevo nos perdímos. Encima de noche no distinguíamos nada. Al final preguntando ya en otro pueblo casi, conseguimos dar con el hotel. Sería sobre la 1:00, una pasada para los pocos kilómetros que hay de distancia entre los sitios.
Nos fuimos a dormir mosqueados y sin cenar.
Bajamos andando a recoger el coche. Estaba bastante cerca y llegamos en seguida. Habíamos reservado el coche desde la página de Autoeurope y nos costo muy barato, unos 90€ no llegaba los tres días. El coche lo recogimos en las oficinas de Europcar, en la calle Borgo Ognisanti, después de hacer un poco de cola, y nos dieron un Fiat Punto casi nuevo, porque sólo tenía 200 km. Nos indicaron cómo salir de Florencia y coger la autopista hacia Roma y nos pusimos en marcha.
Las carreteras no son lo mejor de Italia, ni tampoco su señalización. Durante un rato estuvimos siguiendo las indicaciones del Hotel al que íbamos, y llegamos bien, pero al final indicaba "en los alrededores del Lago San Cipriano" y ahí nos perdimos. Primero decía que estaba en término municipal de Cavriglia, pero en el pueblo no estaba. Cerca del Lago lo único que se veía era una horrorosa central térmica echando humo todo el rato. Y así estuvimos, subiendo y bajando a diferentes pueblos y preguntando a la poquísima gente que encontrábamos por la calle...todos nos decían que había un cartel, efectivamente, pero estaba borrado. Al final encontramos el sitio, bastante cansados y hartos.
El Hotel se llama "Hotel del Lago", y como su nombre indica está en pleno lago. No se ve nada de la central térmica, pero es un rollo porque sabíamos que estaba a escasos metros de allí. Las habitaciones eran grandes y muy sencillas y el baño era el horror que esperábamos haber sufrido en Florencia y que al final padecimos en la Toscana; la ducha era un sumidero en el suelo con una cortina de plástico y cuando te duchabas se inundaba todo. También era un hotel muy ruidoso, se escuchaba todo y no había quien durmiera de las 6:00 de la mañana en adelante. Además estaba muy mal comunicado, porque aunque estaba cerca de todo, la carretera era de montaña y no muy buena, tardábamos un montón en llegar a los sitios. Yo recomendaría coger el hotel en Siena, tiene mejores comunicaciones. Nosotros perdimos muchísimo tiempo en la carretera. Lo único aceptable del hotel eran las vistas y un desayuno digamos que pasable.
El restaurante se llamaba Badia a Cultibuono y comimos Bistecca a la Florentina por fin (un kg de chuleta de ternera tiernísima), con ensalada y dos expressos. También tomamos vino de Chianti. Riquísimo. Hicimos unas fotos de la campiña y de la Abadía y de nuevo al coche.
Por el camino paramos varias veces a hacer fotos. los paisajes son de cuento, campos de amapolas, casitas aisladas con cipreses...precioso.
Por fin llegamos a San Gimigiano casi a las 18:00 y hacia bastante frío, ¡y yo de tirantes!. Es uno de los pueblos más bonitos de la toscana, todo medieval. Dejamos el coche al lado de un parking porque no se puede meter el coche en el pueblo y empezamos a explorar. Tiene muchas torres altísimas, le llaman el Nueva York medieval. Entramos en el Palacio Comunale donde había una exposición de arte medieval y subimos a su torre que es de vértigo, sobre todo porque las escaleras son de rejilla, pero arriba las vistas son espectaculares. Luego nos dedicamos a pasear por el pueblo, no sin antes comprarme una pashmina, el doble de cara que en Florencia (no aguantaba el frío).
Pasamos por la plaza del Duomo y la de la Cisterna. Allí nos tomamos un helado en la Heladería más famosa de Italia, que tiene premiso como la mejor del mundo, etc. Félix tomó un helado de mandarina y canela, y yo me di el capricho de uno de chocolate a la naranja y avellana.
Seguímos callejeando y haciendo fotos, y también entramos en alguna galleria de arte, pero sobre las 19:30 cerraron todo y ya no sabíamos donde ir, y estar ahí hasta la hora de cenar era un rollo, así que pensamos en ir a Arezzo a cenar. En mala hora.
En principio parecía fácil llegar a Arezzo porque en el mapa aparecía que casi todo el camino era autovia, pero el trayecto se hizo larguísimo. sobre las 21:15 todavía estabamos por Siena y sugerí cenar allí, pero Félix estaba empeñado en llegar a Arezzo. La autovia aparecía y desaparecía, y al final sobre las 22:20 llegamos a Arezzo. No había ni un alma por la calle y restaurantes para cenar menos. La gente se acuesta muy pronto en esa zona. Total que allí estabamos cansados, mosqueados, hambrientos y no teníamos nada que ver. Fuimos a la Plaza del Duomo pensando que al ser más turístico habría algo, pero no encontramos nada. Hice una foto y Félix medio se mosqueo porque yo estaba muy pesadita con cenar. Total, que entramos en un bar que se llamaba cafetería Monaco donde sólo había dos abuelos y una borracha, como aquí a las 4:00 de la mañana y nos tomamos dos expressos, fuimos al aseo, y otra vez para el dichoso lago de las narices.
Tardamos un montón en llegar y de nuevo nos perdímos. Encima de noche no distinguíamos nada. Al final preguntando ya en otro pueblo casi, conseguimos dar con el hotel. Sería sobre la 1:00, una pasada para los pocos kilómetros que hay de distancia entre los sitios.
Nos fuimos a dormir mosqueados y sin cenar.